El principio de curar "similar con similar"

 

-- La Torá como Modelo para la Curación Humana-- por Eyal Goldberger, MD, MF Hom (*).

Hay dos ejemplos en las Escrituras de aguas amargas curadas: en Exodo 13 por Moshé, y en II Reyes 2 por Elishá. Ambos casos pueden usarse como modelo de enfoque para la curación en general. El principio de curación en ambos ejemplos se basa en el uso de un agente que genera síntomas similares a la enfermedad misma. Este principio de curar "similar con similar" es aplicado por la medicina homeopática. Además, la estructura y propiedades del agua son muy importantes para la homeopatía. Los remedios homeopáticos se preparan con repetidas series de diluciones en agua. El Tzemaj Tzedek diserta sobre las mismas propiedades especiales del agua analizadas aquí.

Las Escrituras nos brindan dos maravillosas descripciones de purificación de agua amarga, de las que podemos aprender acerca del proceso de curación en general.
Exodo 15:23-25 cuenta la llegada de los Hijos de Israel a Mará tras tres días en el Desierto de Shur sin agua:
"...pero no podían beber agua allí porque eran amargas... y el pueblo se quejó a Moshé. `¿Qué beberemos?´, exigieron. Cuando [Moshé] clamó a Di-s, El le mostró un determinado árbol. [Moshé] arrojó [una pequeña rama de éste] al agua, y el agua se volvió potable. Fue allí que [Di-s] les enseñó un decreto y una ley, y allí El los puso a prueba. Dijo: `Si obedecerás a Di-s tu Señor, y harás lo que es recto en Sus ojos, atendiendo cuidadosamente todos Sus mandamientos y observando todos Sus decretos, entonces Yo no te golpearé con ninguna de las enfermedades que traje sobre Egipto. Yo soy el Di-s que te sana" (Exodo 15:23-25).
En su comentario a la Torá, Rabeinu Bejáie cita a los Sabios del Talmud que dicen que originalmente el agua había sido fresca. Se volvió amarga (como una prueba adicional en la serie de pruebas en el desierto) y luego fue nuevamente endulzada con una rama amarga.

Otro ejemplo que da Rabeinu Bejáie de desalinización de aguas se encuentra en II Reyes 2:19-22, cuando Elishá llega a Jericó luego del milagro de Elías ascendiendo al Cielo y el Río Jordán partiéndose en dos:
"Y los hombres de la ciudad dijeron a Elishá: `Mira, la situación de esta ciudad es placentera, como mi señor puede ver; pero el agua es mala, y el suelo ocasiona nacimientos prematuros´. Y [Elishá] dijo: `Tráigame un frasco nuevo y pongan sal en él´. Ellos se lo trajeron. Y salieron al manantial de aguas, y arrojaron la sal allí, y dijeron: `Así dice el Señor: Yo he sanado estas aguas; no habrá de allí más muertes o abortos´. Así, el agua fue curada hasta este día, según lo dicho por Elishá..." (II Reyes 2:19?22).
Rabán Gamliél exclama en el Mejiltá:
"Cuánto más maravillosos son Sus actos y modos que los de los mortales... colocó el agente contaminante en el material contaminado para realizar un milagro dentro de otro. Los seres humanos curan la amargura endulzándola, pero Di-s cura la amargura con amargura".
De las dos citas anteriores puede derivarse un número importante de conclusiones:
1) El agua fue curada con la ley de similitud, que significa que "similar cura a similar".
2) Una cantidad reducida (una pequeña rama o un pequeño frasco de sal) basta para purificar gran cantidad de agua.
3) Una dosis del agente curador es suficiente. No son necesarios procesos complejos o repetitivos.
4) La Torá analiza la curación inmediatamente luego de este incidente en Mará. En un texto continuo, la Torá describe el proceso de curación del agua, luego lo proclama como ley, y a continuación vincula esta ley a la curación de enfermedades humanas. El hecho de que el agua abarca dos tercios del cuerpo humano hace de esta conexión textual algo muy interesante. El agua en el cuerpo humano está dividida en células separadas por membranas delgadas de manera que no hay proceso bioquímico o fisiológico en el cuerpo, en la salud o en la enfermedad, que no ocurra a través del agua como medio. A pesar de que Moshé aprendió una nueva técnica de curación (algunos sostienen que se le dieron los secretos de la curación con hierbas), en este párrafo la Torá enfatiza la importancia de la medicina preventiva.

Medicina preventiva, en este contexto, implica seguir las sendas de Di-s y Sus mandamientos de modo que "Yo no te golpearé con ninguna de las enfermedades que traje sobre Egipto. Yo soy el Di-s que te sana".
La Cabalá destaca la correspondencia de los 248 mitzvotpositivas ("harás") con los 248 órganos del cuerpo humano y las 365 mitzvot negativas ("no harás") con los 365 tendones. Como se explica en Séfer Jareidím, la violación de un mitzvá (mandamiento) puede cortar el flujo de energía Divina (o la eterna luz sagrada investida en los recipientes humanos). Este corte es llamado nituk en hebreo. Luego delnituk, pueden instalarse enfermedades o síntomas que requieran reparación. Reparación, en hebreo, es tikún. (Nótese que nituktikún contienen las mismas tres consonantes pero en orden diferente. También es pertinente aquí que la palabra mitzvá viene de la misma raíz que tzevut [reconectar]. En nuestro contexto, tzevut significa la reconexión entre el arriba y el abajo, o las aguas superiores y las aguas inferiores, como se explicará luego).

Los Tres Enfoques Occidentales: Antipático, Isopático, y Homeopático

¿Qué podemos aprender de los principios mencionados acerca de la curación?
El primer principio es curar dando una substancia que genera síntomas similares a los de la enfermedad que pretendemos curar. Este tipo de tratamiento se llama homeopático. A lo largo de la historia se han desarrollado tres enfoques principales para la aplicación de elementos medicinales: homeopatía, isopatía, y antipatía. El prefijo "homeo" significa similar, "iso" significa igual, y "anti" significa opuesto, mientras que el sufijo "patía" significa sufrimiento. Así, homeopatía significa sanar a través del sufrimiento similar; isopatía significa sanar mediante el sufrimiento idéntico; y antipatía significa sanar mediante el sufrimiento opuesto.
La medicina occidental convencional se basa en el enfoque antipático. Prescribe medicinas que oponen y suprimen los síntomas del paciente. Por ejemplo, se da aspirina para suprimir el dolor y bajar la fiebre; diuréticos, para reducir edemas; antiinflamatorios y antibióticos, para luchar contra la inflamación, digoxina para demorar la marcha de un corazón rápido y para fortalecer las contracciones de un corazón débil; antidepresivos para aliviar la depresión; drogas antisicóticas para aliviar síntomas psicópatas, y así sucesivamente. Este tipo de curación también se denomina terapia supresora.

La filosofía detrás de la medicina antipática es una concepción materialista del ser humano como una configuración de átomos que han evolucionado de plantas a animales a hombres. El ser humano es concebido como una máquina psicoquímica sumamente compleja, con una enorme variedad de reacciones químicas y mecanismos neurohormonales de feedback de los que se dice que explican todo lo que sucede a la persona en la salud y en la enfermedad, desde fenómenos "simples" como la digestión, la respiración y la excreción, a fenómenos más complejos como la percepción sensorial, la reproducción, e incluso sentimientos como la vergüenza, el miedo, el amor, la fe, el patriotismo, etc.

Según la medicina antipática, la salud es el funcionamiento apropiado de la máquina, mientras que la enfermedad es una disfunción ocasionada por un superávit o una deficiencia de una cierta substancia que requiere intervención química a través de la medicina o intervención física a través de la cirugía, la radiación, etc. En este modelo (que debe enfatizarse que es un modelo) no hay cabida para una esencia no-material porque el universo entero es percibido desde el punto de vista de la percepción clásica de la física del Siglo XVIII de la naturaleza como una máquina gigantesca. Este tipo de conceptualización emplea modelos moleculares para explicar todos los fenómenos humanos.
El segundo enfoque, del que la medicina convencional de occidente hace uso limitado, es el de la isopatía. Un buen ejemplo de isopatía es la inmunización. Aquí se da comúnmente al paciente el patógeno de la enfermedad, que en la mayoría de los casos es un virus muerto o debilitado. Se dice que ello despierta el sistema inmunológico del paciente contra ese virus particular. Así, esta forma de curación puede definirse como terapia de estimulación.

Al administrar una inmunización, se aplica el segundo principio enumerado arriba: el uso de dosis pequeña. La Ley Arnold Shultz en farmacología declara que cada droga farmacológica tiene tres rangos de dosis: mortal, supresora, y estimulante. El rango mortal, la dosis más alta, produce efectos secundarios y puede ser tóxico o incluso mortal. El rango terapéutico o supresor, la dosis media, suprime el problema que se pretende curar y se cree que es el rango terapéutico de la medicina. El grado de seguridad de una medicina se corresponde con la amplitud de su gama terapéutica. La medicina convencional considera el rango estimulador, la dosis pequeña, no tiene efecto alguno o despierta una reacción parecida a la de la inmunización. Ahora analizaremos el uso que la homeopatía da al principio de la dosis pequeña.

Homeopatía

La homeopatía es una filosofía y método holístico de tratamiento iniciada por Samuel Hahnemann, un médico alemán, hace doscientos años (1745?1843). Hahnemann tenía una personalidad excepcional, considerado un genio. Entre las siete lenguas que hablaba estaban el hebreo, el árabe y el arameo. Médico y químico, tenía una profunda perspectiva espiritual religiosa. Mientras traducía un artículo médico, Hahnemann se cruzó con un comentario sobre la quinina, un remedio para la malaria, que le pareció un error. Siendo un científico crítico y preciso, probó la quinina tomando dosis de ella él mismo. Para su sorpresa, la quinina produjo en él síntomas de malaria.

Este fenómeno de una medicina que ayude a curar a un paciente enfermo y que ocasione síntomas similares a la enfermedad en una persona sana le pareció a Hahnemann importante y revolucionario. Entonces comenzó a probar substancias diversas inorgánicas, orgánicas, animales y humanas sobre sí mismo y sobre miembros de su familia, registrando cuidadosamente todos los cambios emocionales y físicos producidos al tomar cada substancia.

Cuando se probó sobre gente saludable, cada substancia produjo un conjunto de síntomas. Cuando Hahnemann suministró la misma substancia a gente enferma que sufría de síntomas similares, descubrió procesos de curación que evolucionaban hasta que el enfermo se recuperaba. En el proceso de recuperación, sin embargo, las medicinas ocasionaron efectos secundarios en algunos de los pacientes. A fin de reducir estos efectos, comenzó a diluir las substancias medicinales en agua sacudiendo vigorosamente la mezcla entre una dilución y la siguiente. (Este procedimiento se llama `dilución´ o `potenciación´. La razón de por qué Hahnemann eligió diluir sus remedios de esta manera no nos está clara, pero hoy sabemos que la dilución sin sacudida enérgica no produce el efecto necesario).
Sorprendentemente, Hahnemann notó que cuanto más diluía y vigorosamente sacudía, proporcionalmente menos efectos secundarios aparecían en los pacientes (algo que hubiera sido de esperar), en tanto que más fuerte y profundo era el efecto terapéutico de la curación (un resultado sorprendente e inesperado). Tras muchos años de precisa observación y experimentación probando centenares de substancias y registrando meticulosamente todos los detalles, llegó a la conclusión de que hay una fuerza vital en cada ser humano. Espiritual en esencia, la fuerza vital mantiene y vitaliza el cuerpo físico humano en todo momento. (Compárese esta idea con el párrafo de las plegarias matutinas judías: "[Di-s] renueva cada día, continuamente, la obra de la Creación"). La fuerza vital tiene una jerarquía precisa de expresiones psicológicas y fisiológicas. Cuando es dañada por un estímulo externo, crea una respuesta reparadora y balanceante. La persona fuerte y saludable no siente su fuerza vital reaccionando hasta que su respuesta ya no es más efectiva. Entonces aparecerá un síntoma emocional o físico, indicando la lucha que se está desarrollando. El síntoma debería dirigir nuestra atención a corregir el problema. Dado que la fuerza vital es de naturaleza espiritual, puede influirse en ella sólo en el nivel de energía y espíritu, que no puede ser detectado por los sentidos humanos o por el equipo de laboratorio (microscópico u otro). Hahnemann se rió de los médicos de su generación que trataban de hallar la causa de la enfermedad en los oscuros trasfondos del cuerpo. El afirmó que sólo resultados, y no causas, pueden encontrarse dentro del cuerpo. Usando su comprensión del ser humano, la salud, la enfermedad y la curación, formuló sus principios de la curación en una obra de seis tomos titulada El Método de la Medicina (¿?). La mayoría de estos principios se parecen estrechamente a los de la Torá planteados al principio de este artículo.

Estos principios compartidos son:
1) La ley de similitud. Sinzilia sinidibus curentur (que lo similar cure lo similar). En las palabras de Rabán Gamliel: "El puso el agente contaminante en el material contaminado para realizar un milagro dentro de otro". O, en las palabras del Tzemaj Tzedek, en su Sefer HaLikutím bajo el temarefuá (curación), en referencia al versículo "Pues Yo te restauraré la salud, y te curaré de tus heridas, dice el Señor" (Jeremías 30:17): "Di-s no actúa como el mortal. El hombre hiere con un cuchillo y cura con un vendaje, pero Di-s hiere y cura con la misma cosa".
2) Una única dosis de alta potenciación es suficiente en la mayoría de los casos para producir procesos de recuperación física y emocional a largo plazo.
3) Una dosis del agente curador es suficiente. No son necesarios procesos complejos o repetitivos.
4) Hay sólo una única medicina homeopática apropiada para la condición y personalidad de cada paciente. Este principio se denomina "remedio único" o "prescripción constitucional".
5) La experimentación usada para desarrollar medicinas homeopáticas se realiza sobre personas sanas. Este tipo de experimentación se denomina "prueba". La homeopatía brinda importancia primaria a la composición subjetiva de una enfermedad, es decir, a los sentimientos del paciente y la forma específica en que su enfermedad se expresa, en contraste con otros pacientes con una queja o enfermedad similar.
6) Cada remedio homeopático experimenta un proceso de dinamización, que libera la substancia espiritual vital de la substancia material original. Esta esencia espiritual es lo que hace aparecer los síntomas en el procedimiento de "prueba" descripto en el principio 5, arriba. La esencia espiritual es también el agente que estimula los procesos de recuperación durante la enfermedad.

La principal crítica esgrimida contra la homeopatía por el establishment médico convencional es que la extendida serie de diluciones de la medicina homeopática va mucho más allá del número de Avogadro, que es, ásperamente hablando, el número de moléculas de la substancia presentes antes de comenzar a diluirla. Si comenzáramos, digamos, con un gramo de hidrógeno, tendríamos unas 6 veces 1023 moléculas. (Eso significa 6 con 23 ceros después). Suena como un número grande, pero puede verse que si hacemos una serie de diluciones homeopáticas, conservando sólo 1/100 de la solución cada vez, después de 12 diluciones, matemáticamente hablando, habría sólo un 50% de probabilidades que como mucho una única molécula de la substancia original quedara en el remedio diluido. Si lo diluimos más, es muy probable que nuestra muestra no contenga ninguna de las moléculas originales. Los remedios homeopáticos clásicos se diluyen comúnmente 30 veces o más en una relación de 1/100, así -en la medida en que la ciencia contemporánea comprende la dilución- no puede quedar nada del principio activo para hacer la tarea. Por consiguiente, desde el punto de vista de la medicina convencional, los remedios homeopáticos tienen sólo un efecto placebo.

Las Propiedades Unicas del Agua

En el pasado y en años recientes se han llevado a cabo una serie de experimentos tanto sobre animales de laboratorio y veterinarios como sobre seres humanos que prueban que la medicina homeopática funciona más allá del efecto placebo (véase la bibliografía al final de este artículo). Por demás significativo es el hallazgo de que el remedio debe ser preparado en un solvente acuoso (agua polarizada). No hay efecto terapéutico cuando la substancia medicinal se disuelve en un solvente aceitoso. (Algunos remedios homeopáticos se preparan en soluciones de alcohol. La estructura molecular del alcohol también es polarizada, por lo que actúa similarmente al agua. Comúnmente, sin embargo, el alcohol en los remedios homeopáticos se agrega después del proceso de dilución para conservar la solución).

Debe haber algo en el agua que conserva algo de la calidad energética de la solución introducida en ella después de la primera extracción. Esta misma esencia se conserva incluso luego de que cada molécula física de la substancia original ha desaparecido con el procedimiento gradual de dilución y sacudida. La continuación del proceso de dilución/sacudida aumenta las propiedades terapéuticas específicas de la substancia.

Este fenómeno ha llevado a médicos y físicos en años recientes a tratar de comprender qué en la estructura del agua puede explicar el fenómeno mencionado, incluyendo el significado de la sacudida enérgica de los remedios, sin la cual no se obtiene el efecto terapéutico.
Como es bien sabido, el agua es una molécula simple compuesta por un átomo de oxígeno unido a dos de hidrógeno. Aun así, pese a la simplicidad de la estructura del agua, tiene muchas propiedades inexplicadas y extrañas. Una de las anomalías del agua, por ejemplo, es que a medida que solidifica se vuelve menos densa, es decir, se expande en lugar de contraerse. Otra anomalía es que según su estructura química, el agua debería ser un gas a temperatura ambiente y no el líquido que conocemos.

La estructura molecular del agua crea una bipolaridad eléctrica, lo que significa que hay un polo negativamente cargado en el área del átomo de oxígeno y uno positivamente cargado en el área de los átomos de hidrógeno. Esta estructura permite que se forme otro tipo de conexión química, además del fuerte nexo que existe entre los dos átomos de hidrógeno y el átomo de oxígeno. Estos nexos se llaman nexos de hidrógeno, y se forman entre hidrógeno y elementos tales como el flúor, el nitrógeno o el oxígeno.
Estas propiedades hicieron que los científicos de la década del 40 llegaran a la conclusión -verificada en años recientes- que el agua se forma en polymers (¿?) o racimos de moléculas de agua. Es decir, el agua no es un líquido molecularmente continuo uniforme sino que contiene estructuras espaciosas dentro de sí. Los experimentos sobre el agua con estudios UV de difracción de rayos X, y estudios de resonancia magnética nuclear (NMR), apoyan esta hipótesis. Investigación realizada empleando NMR para comparar las propiedades del agua destilada con una serie de diluciones de sílice en el agua mostraron que diluciones ultramoleculares -es decir, diluciones más allá del número de Avogadro sin que quede ninguna molécula de la sustancia original- mostraron características diferentes en tiempos de relajación T1 (longitudinal) y T2 (transversal). La importancia de esta diferencia es que algo ha cambiado en las propiedades del agua después de ser usada como solvente para diluir sílice, a pesar de que aparentemente no quedaba ni una molécula de sílice. Algunos investigadores presumen hoy que en los sistemas biológicos la estructura del solvente al transferir mensajes químicos neurológicos u hormonales es de gran importancia, nada menos que la estructura de la solución.

Hoy se sabe que cada macromolécula introducida en agua destilada crea un arreglo espacial de moléculas de agua alrededor de esa molécula (orgánica o inorgánica). Esta estructura es llamada escudo de hidratación, que es específica y característica de la substancia soluble. Físicos italianos observaron que la estructura del escudo de hidratación es capaz de mantenerse estable por mucho tiempo. La polarización permanente puede surgir fácilmente en agua en presencia de pequeñas perturbaciones eléctricas tales como el campo local producido por una macromolécula. La interacción coherente entre los bipolos eléctricos del agua y el campo de radiación cumple la muy importante tarea de generar estructuras ordenadas en dominios macroscópicos.

Uno de los posibles contribuyentes a la estabilidad de las estructuras dentro del agua es el movimiento de protones a lo largo de las cadenas espirales de las moléculas de agua que se forman a lo largo de los racimos. Esta teoría se llama conductividad del protón en cadenas moleculares unidimensionales de agua.
De todos los estudios mencionados arriba, es aparente que el agua tiene una peculiar aunque incierta propiedad de llevar dentro de sí la memoria o forma interna de cualquier substancia soluble introducida en ella. Como una huella digital, esta forma es característica de la substancia soluble. En la homeopatía vemos que cada elemento de la Creación tiene una idea o esencia interna que puede influir física y espiritualmente a los seres humanos de una manera característica y asimismo despertar procesos de recuperación en tipos correspondientes de personalidad. Esta esencia interna se libera de las substancias materiales por una serie de diluciones y sacudidas en agua. Al final, el remedio contiene sólo agua con un "rastro" o "memoria" de la solución. Esta agua se vuelve "agua viviente" porque lleva dentro de sí la vitalidad de la substancia soluble original de una forma más purificada, más destilada y energética.

Reuniendo las Aguas Superiores e Inferiores y Liberando la "Luz"

No es coincidencia que el agua ocupe un lugar central en la Cabalá y el Jasidismo, donde puede encontrarse una cierta similitud con el fenómeno descripto arriba.
La Torá es comparada al agua; el agua se compara al amor bondadoso; y en otros lugares, a la sabiduría. El Tzemaj Tzedek diserta a fondo sobre el agua y su función en la creación de los mundos en su exégesis del siguiente Midrash:
"Cuando Di-s creó Su universo, era enteramente agua en agua. Las aguas superiores eran sabiduría superior; las aguas inferiores eran sabiduría inferior. Antes de la Creación del universo se mezclaron unas con otras, y en la Creación del mundo fueron separadas. `Que haya un firmamento en medio de las aguas, y que separe aguas de aguas´. La sabiduría inferior descendió más abajo, mientras la sabiduría superior no descendió...".

El Tzemaj Tzedek comenta que nuestro mundo fue hecho de la sabiduría inferior ("Todo lo has hecho de sabiduría") al involucrar sabiduría inferior en el acto de la Creación. La sabiduría inferior recibe vitalidad de la sabiduría superior, sólo contraída y en la cantidad adecuada a fin de existir. Así, cada elemento material de nuestro mundo tiene una raíz superior en la sabiduría del Creador, y esta raíz es la fuente de vitalidad constante (como decimos en nuestras plegarias matutinas: "Su bondad renueva cada día, continuamente, la obra de la Creación"). Todo en la Creación es sabiduría o "luz" del Creador investida en un "recipiente". Es posible sugerir que sumergiendo cualquier substancia material en agua y luego sacudirla vigorosamente, seguido de continuas diluciones en agua y nuevamente sacudiendo y diluyendo, se libera gradualmente la "luz" y conserva de una forma más refinada y sutil en el agua, permitiéndole así ser usada con cada vez mayor potencia para curar.

Bibliografía: Antonchenco, V. Ya e Ilyin, V.V. "Points at Issue in the Physics of Water and Homeopathy" en British Homeopathic Journal (Abril 1992, Volumen 81) páginas 91?93. Berkowitz, C. "Homeopathy: Keeping an Open Mind" en Lancet (1994, Volumen 344) páginas 701?702. Davenas, E., Poiteven, B., y Benveniste, J. "Effect on Mouse Peritoneal Macrophage on Prally Administered Very High Dilution of Silica" en el European Journal of Pharmacology (1987, Volumen 135) páginas 313?319. Jacobs, J., Jimnes, M., Gloyd, S., Vendaval, J., y Crothers, D. "Treatment of Acute Childhood Diarrhoea with Homeopathic Medicine: A Randomized Clinical Trial in Nicaragua" en Pediatrics (1994, Volumen 93) páginas 719?725. Young, T.M. "NMR Studies of Succused Solution: A Preliminary Report" en el Journal of the American Institute of Homeopathy (1975, Volumen 68) páginas 8?16. Wen Wy, Frank H.S "Structural Aspects of Ion?Solvent Interaction in Aqueous Solution ? Water Structure" en Discussions of the Faraday Society (1957, Volumen 24) página 133.

(x) Eyal Goldberger nació en Jerusalén en el 1960 en el seno de una familia secular cuyas raíces se remontan a Meá Shearím. Después de graduarse en la escuela superior de la Universidad Hebrea, sirvió en las Fuerzas Armadas de Israel como paramédico en una unidad de combate. También entrenó unidades de paramédicos y fue nombrado soldado extraordinario de los Cuerpos Médicos en 1981. Tras recibir su MD de la Escuela Médica Hadassah de la Universidad Hebrea de Jerusalén, el Dr. Goldberger, con amigos de su unidad del ejército fundaron Tmurot, el Equipo Integrado Israelí para el Progreso de la Medicina Alternativa. Después de trabajar medio año en el Hospital Tel Hashomer con pacientes de cáncer y tras completar un curso para oficiales médicos, el Dr. Goldberger fue a Londres por siete meses para estudiar en el Real Hospital Homeopático de Londres. Desde entonces, ha trabajado como MF Hom (doctor en homeopatía) en la clínica combinada Tmurot y en el departamento complementario de medicina del Hospital Asaf Harofé, mientras también dictaba conferencias ampliamente sobre medicina alternativa.
Junto con su esposa, el Dr. Goldberger ha vuelto a sus raíces judías. Los Goldberger están cerca del movimiento Jabad y del Rabino Moti Gal, director del Beit Jabad de Ramat Gan. Recientemente se mudaron al Moshav Livním en la Galilea, donde el Dr. Godberger se especializa ahora en medicina familiar, tratando de combinar medicina convencional y complementaria con judaísmo.

 

(extraído de Jabad Magazine, www.jabad.org.ar).

 

 

 

 

Medico Homeopata en Madrid.

Tratamiento homeopatico de las enfermedades crónicas en Madrid

EMUNTORIOS Y TOXEMIA

Los órganos depurativos

Dado que un pequeño volumen de fluidos corporales debe atender las necesidades de tanta cantidad de tejido celular, no basta con un eficiente sistema circulatorio y un sistema de irrigación diferenciada. Aquí aparece el tercer factor necesario para la correcta función celular: la limpieza de los fluidos. Por lo tanto, uno de los principales objetivos del organismo, será mantener la pureza de los líquidos internos. Estos fluidos, como si fueran una red cloacal, reciben los desechos generados por billones de células; además, millones de células muertas son volcadas cada día a la sangre y la linfa. A todo esto se suman la multiplicidad de venenos y sustancias tóxica que ingresan al cuerpo por medio de las vías respiratoria, digestiva y cutánea.

Para hacer frente a semejante tarea, el cuerpo dispone de varios órganos especializados en esta función y que luego analizaremos en detalle: intestinos, hígado, riñones, piel, pulmones y sistema linfático. Son los llamados emuntorios. Cuando todos trabajan en modo normal y el volumen de desechos no supera la capacidad de procesamiento, el “terreno” se mantiene limpio y las células pueden funcionar correctamente. Esto significa que estamos en presencia de un organismo eficientey, por ende, de una persona saludableágilvital.

Pero si los desechos superan la capacidad de los emuntorios y éstos comienzan a funcionar deficientemente, el “terreno” se carga progresivamente de toxinas y el funcionamiento orgánico se degrada paulatinamente. La sangre se pone densa y circula más lentamente por los capilares. Los desechos que transporta la sangre, pasan a la linfa y al plasma intracelular. Más tiempo se mantiene esta situación, más se contaminan los fluidos. Llega un momento en que las células están sumergidas en una verdadera ciénaga que paraliza los intercambios. El oxígeno y los nutrientes no pueden llegan a las células y éstas experimentan graves carencias.

Por otra parte, los residuos metabólicos que regularmente excretan las células, al no circular, aumentan aún más el grado de contaminación de los fluidos. Los desechos comienzan a depositarse en las paredes de los vasos sanguíneos, reducen su diámetro y esto disminuye aún más la velocidad de circulación e irrigación.

Aquí está la explicación de la generalizada, mal entendida y demonizada hipertensión: nuestra sangre suciaespesa es la que obliga al corazón a bombear con mayor presión a fin de compensar la menor irrigación. En definitiva, la tensión elevada es un simple mecanismo defensivo del cuerpo, a fin de mantener las funciones normales pese a la toxemia crónica.

Sin embargo, tratamos de “idiota” a nuestro sistema circulatorio, ingiriendo medicamentos hipotensores (para reducir la presión); cuando lo lógico sería depurarfluidificar la sangre. Así nos ahorraríamos, no solo los fármacos, sino también el terrible gasto de energía que significa para nuestro organismo la improductiva tarea de elevar la presión sanguínea. ¿Acaso no es esta la causa de tanta fatiga crónica en la población?

Pero sigamos con los perjuicios que genera la acumulación de toxinas en los fluidos corporales: obstruye los emuntorios, dificulta su tarea, congestiona otros órganos y bloquea las articulaciones. Los tejidos se irritan, se inflaman y pierden flexibilidad; se esclerotizan. En este contexto, las células no pueden realizar su tarea específica y tampoco los órganos por ellas compuestos. Estamos en presencia de una persona enfermadesvitalizadaanquilosada. El tipo de enfermedad dependerá simplemente de cuales órganos se encuentren mas afectados y en que grado. El espectro puede ir de una bronquitis crónica a un cáncer. Estos procesos degenerativos no se producen de la noche a la mañana, ni son la consecuencia de un solo exceso: requieren años de acumulación.

Ante todo, ya podemos entender el valor relativo de los modernos diagnósticos que sugieren la focalización del problema en una parte pequeña de nuestro organismo. Nunca puede estar mal una partebien el resto. Esa “parte defectuosa” es solo la expresión más aguda del estado general del organismo. Por ello es obvia la inutilidad de luchar contra un síntoma o contra un parámetro determinado (glucosa, presión, colesterol, etc). Es correcto aliviar el sufrimiento puntual, pero sin olvidarnos que debemos operar sobre todo el ámbito corporal.

Una anécdota familiar -que pese a mi niñez, quedó grabada a fuego en la memoria- sirve para ejemplificar cuan a menudo la ciencia tradicional pierde la visión de conjunto, al focalizarse en las partes del organismo. Tenía un tío internado desde hacía varios días y su estado no hacía más que empeorar, pese a que estaba en mano de equipo de renombrados médicos que intentaban distintas terapéuticas farmacológicas. Como su estado se hacía cada vez más grave, vino a verlo desde lejos su madre, mi bisabuela.

Esta anciana norteña, tenía sabiduría intuitiva y unos ojos vivaces. Apenas entró al cuarto del enfermo, sus hijas, con la ayuda del médico presente, la pusieron al tanto de las novedades, destacándole la impotencia pese a los infructuosos y costosos intentos realizados. En medio de tanta terminología médica y palabras difíciles, mi bisabuela preguntó con su característico acento guaraní:“¿Cuánto hace que no va de cuerpo este muchacho?” El silencio fue sepulcral. Dilatadas miradas se cruzaban en el aire y nadie tenía respuestas. Hacía una semana que el tío no movía los intestinos… y nadie había reparado en ello!!! Demás está decir que tras una voluminosa enema, comenzó el rápido proceso de recuperación del tío, quién fue dado de alta días después y se recuperó sin mayores problemas.

Extraído del libro "Cuerpo Saludable"

Fuente: http://www.espaciodepurativo.com.ar/

Tratamiento Médico de la Candidiasis en Madrid. Médico Homeópata Madrid-

Candida Albicans y Homeopatía

Stephen Byrnes

Médico homeópata y nutricionista clínico. Aquí reproducimos algunos de sus conceptos, con el objetivo de tomar en cuenta sus interesantes apreciaciones.

La cándida albicans y la cándida tropicalis son los nombres que reciben las levaduras comunes que se encuentran en el intestino y en ciertas membranas mucosas, por ejemplo en la garganta. Todo el mundo tiene cándidas en el cuerpo, pues nacimos con ella. La cándida puede vivir perfectamente en paz con la flora intestinal, como por ejemplo con las bacterias acidophilus y bífidus; son precisamente estos residentes bacteriológicos los encargados de tener a la cándida bajo control, evitando su crecimiento excesivo. La principal función de la cándida en el cuerpo consiste en eliminar cualquier resto de comida en mal estado que se halle en nuestro sistema digestivo (hecho causado principalmente por su incorrecta metabolización). De ese modo se evita que cualquier bacteria dañina pueda convertirse en una amenaza para nuestra salud. La cándida trabaja descomponiendo la naturaleza muerta; algo así como actúan hongos y mohos con un árbol caído.

La cándida está constantemente controlada por las benéficas bacterias gastrointestinales y por nuestro sistema inmunológico. Pero los problemas comienzan cuando ciertas condiciones permiten que la cándida pueda crecer sin ningún control en los intestinos, ramificándose y colonizando todo el canal intestinal. Durante este proceso, la cándida puede llegar a «comerse» las paredes del intestino, sumarse a la corriente sanguínea e infiltrarse en otros tejidos. La otrora levadura beneficiosa se puede transformar literalmente en un moho patógeno, agresivo y destructivo, que puede causar una variedad de problemas de salud sin ninguna conexión aparente. Esta condición es conocida con el nombre de candidiasis crónica.

La candidiasis crónica como tal, no fue reconocida o definida hasta los años 80, principalmente porque los síntomas eran de una naturaleza muy variada, y atribuibles a otras enfermedades. Esto llevaba a los médicos a creer que el paciente sufría de, por ejemplo, sinusitis, en vez de una verdadera infiltración de levadura en los pasajes nasales. De manera adicional, los profesionales de la salud en principio eran un poco reacios a admitir la existencia de esta enfermedad. Es que uno de los principales orígenes de la candidiasis son precisamente los antibióticos prescritos por los médicos, que a su vez matan a las beneficiosas bacterias intestinales que sirven para controlar la cándida. La diagnosis de cándida estaba limitada a sus manifestaciones más visibles, por ejemplo infecciones de levadura, vaginales u orales. El tratamiento estaba dirigido a erradicar esas condiciones, sin que se intentara erradicar lo que en realidad era la raíz del problema, y mucho más grave aún, la infección en sí.

Los síntomas de candidiasis y el nivel de severidad varían de persona a persona, pero los principales signos  son: fatiga crónica (especialmente después de comer), depresión, ganas de comer alimentos como pan y cosas dulces (a la cándida le encantan los dulces), cambios de humor extremos, sentimientos de rabia y agresividad (especialmente después de comer alguna comida dulce), sentirse como «borracho» después de comer una comida alta en carbohidratos (uno de los materiales de deshecho de la cándida es el alcohol), hipoglucemia, mucosidad excesiva en la garganta, nariz y pulmones, infecciones de hongos en la piel, pies de atleta, infecciones vaginales u orales, diarrea, picores, pérdida de memoria a corto término, sentirse algo «atontado», sensación de hinchazón y gases después de comer, etc.

Además de estos síntomas, se puede experimentar hinchazón en el sistema linfático, dolores de tipo menstrual, sudores nocturnos, dolores de pecho y articulaciones, pérdida de memoria, poca coordinación, visión borrosa, dolores de cabeza, vértigo intermitente, insomnio, estornudos, incremento de alergias alimentarias, etc. La persona tiende a estar muy sensible, particularmente en condiciones ambientales de humedad (moho), a las emanaciones de colonias, perfumes y humo del tabaco. Teniendo en cuenta que la cándida puede filtrase a través del conducto urinario, puede a veces causar infecciones graves en los riñones, cistitis y prostatitis.

Pueden conducir a candidiasis crónica: el prolongado y/o repetido abuso de antibióticos, corticoides y píldora anticonceptiva, una dieta alta en azucares procesados, o una preexistente supresión del sistema inmunológico causada por el abuso de alcohol y/o drogas, transfusiones de sangre, enfermedades debilitantes, transplantes de órganos o quimioterapia. Las ganas excesivas de comer algo dulce también puede ser un detonante. El embarazo predispone a muchas mujeres a dicha condición, pues altera el delicado equilibrio del pH y el nivel hormonal (tener en cuenta que la cándida es una levadura que fructifica en un medio alcalino).

Otros factores contribuyentes al desarrollo de candidiasis pueden ser la baja acidez del estómago (contribuye a generar alimentos mal digeridos) y el estreñimiento (provoca que las sustancias de deshecho se retengan por un período demasiado prolongado dentro del intestino): en ambas condiciones la cándida se desarrolla. Por cierto la candidiasis es una enfermedad moderna, resultado de ciertas innovaciones médicas (antibióticos, anticonceptivos, corticoides) y una dieta demasiado «civilizada» con alimentos excesivamente refinados y mucho azúcar. En círculos naturopáticos, a esta problemática se le llama la «enfermedad de los dulces».

Candidiasis es una condición muy seria por dos razones diferentes. A menudo pasa desapercibida y no es diagnosticada, lo cual permite a la levadura crecer sin ninguna traba y dado los numerosos síntomas que genera, colapsa al sistema inmune, el cual se ve forzado a combatir no solamente la infección de levadura, sino todas las otras condiciones que causa. Puede muy bien producirse un círculo vicioso: la persona queda debilitada por un problema causado por cándida (por ejemplo cistitis); entonces recurre al médico, quien le prescribe antibióticos. Dicha medicación matará más bacterias intestinales benéficas que controlan la cándida, haciendo que precisamente ésta se extienda más; esto llevará a más infecciones y a su vez a tomar más antibióticos, etc, etc…

En su forma más destructiva, la candidiasis puede agotar las glándulas suprarrenales, lo cual puede producir la enfermedad de Addison (abatimiento injustificado, inapetencia, hipotensión, hipoglucemia, mareos), la cual puede interferir en la digestión y puede llegar a causar tantos problemas que prácticamente ningún componente nutritivo de la comida sea absorbido por el organismo; además puede llegar a infestar los órganos vitales y el cerebro, con el consiguiente peligro de vida.

El tratamiento médico alopático ortodoxo estándar para curar candidiasis es el medicamento Nyastin, un producto que inhibe el crecimiento de levaduras del tipo de la cándida. Otros dos medicamentos muy populares son Nizoral y Flucanozole. El problema de estos medicamentos es que no funcionan siempre, debido a la habilidad que tiene la cándida para generar resistencia a dichos compuestos, los cuales tampoco sirven para prevenir contra sucesivos rebrotes. Las terapias naturales son las armas más potentes y efectivas que hay en contra de esta enfermedad, aunque la recuperación sea algo lenta e inevitablemente proporcional al tiempo de padecimiento y severidad de los síntomas.

Si se lucha con todas las armas posibles, la cándida finalmente desaparecerá, dejando como secuelas aquellos síntomas que aparecen durante su curación. Estos síntomas tardarán en remitir entre unos días a unas semanas y la severidad de los síntomas variará de persona a persona. Normalmente se presentan en forma de náuseas, diarreas, dolores de cabeza, gases, irritabilidad, una baja de energía, ganas de comer dulces y visión borrosa. Habiendo sufrido personalmente candidiasis en el pasado y como naturópata que ha ayudado a muchos individuos afectados, puedo decirles que sin lugar a dudas, los mejores aliados son la dieta y la paciencia. La recuperación puede ser una tarea pesada, ya que la cándida es un organismo muy tenaz. Sin embargo, lo mejor es no darse por vencido y tener presente que uno se recuperará; esto proporciona mucha satisfacción y los resultados se agradecen realmente.

Dr. Stepthen Byrnes – Homeópata y nutricionista clínico – Autor del libro “Venciendo al Sida”